De vuelta

De vuelta

Publiqué la última entrada en el blog el 25 de octubre del año pasado y, desde entonces, no me habéis visto el pelo por aquí. Eso tampoco debe sorprender a los pocos pero fieles lectores que tengo, porque la historia del Guerrero ha sido siempre la del quiero y no puedo, la del ahora estoy pero ahora ya no. Los últimos meses han sido bastante intensos desde el punto de vista profesional, tan interesantes como decepcionantes. Ha sido una breve incursión por el universo digital y las redes sociales que me ha permitido confirmar mis peores temores sobre el futuro de una profesión que agoniza. El tiempo pasa para todos, las exigencias son cada vez mayores y las condiciones de trabajo empeoran por momentos. Quizás habría que decirle al maestro Gabo, aunque fuera desde el cielo, que no, que el periodismo ya no es el mejor oficio del mundo. Y también me atrevería a sugerirle al maestro Kapuscinsky que revisase aquella mítica frase que muchos compartíamos: “Para ser periodista hay que ser buena persona ante todo”. Perdón por el tono pesimista. Sigo en pie y creyendo en lo que he hecho durante más de treinta años, pero qué difícil resulta en estos...
Dios, los editorialistas y… Pérez-Reverte

Dios, los editorialistas y… Pérez-Reverte

“La Sexta Noche” ofreció el pasado fin de semana una entrevista con el escritor y académico Arturo Pérez-Reverte, quien recientemente ha publicado la novela “Falcó”. Como casi siempre, el autor de El Capitán Alatriste no dejó indiferente a nadie. Sin pelos en la lengua y con su habitual estilo ácido y sin concesiones, Pérez-Reverte se refirió a cuestiones de todo tipo: política, corrupción, cultura… Una entrevista interesante. Quiero detenerme aquí en las reflexiones del novelista sobre su experiencia como periodista y la necesaria y saludable separación entre información y opinión. Reproduzco, editadas levemente, las palabras de Pérez-Reverte al respecto. Sí reproduzco, creo que en su literalidad, la frase de Graham Greene a la que alude el miembro de la Real Academia Española (RAE): “Yo soy un reportero y sólo los editorialistas creen en Dios”. “Yo viví el franquismo cuando era reportero, la Transición y la democracia posterior. Antes el periodista contaba la información, y había unos editorialistas en la Redacción, señores amigos del director, pagados por la casa, más próximos a la línea editorial de la empresa que pagaba los sueldos, y eran quienes hacían los editoriales, quienes opinaban. Como dijo Graham Greene, Dios no existe más que para los editorialistas, es decir, el reportero no tiene que ocuparse de Dios, se ocupa de contar lo que ha pasado. Pero eso se acabó. Desde hace tiempo, en uno más de los actos de envilecimiento que en este país estamos aplicando a todo lo que antes era respetable, y hablo del Estado, de las instituciones, de todo, el periodismo también se ha contaminado de eso. Ahora las empresas exigen a los...
El semanario Ahora echa el cierre

El semanario Ahora echa el cierre

Prosigue la lenta agonía de los medios de papel. El último caso ha sido el del semanario Ahora, liderado por el excolumnista de El País Miguel Ángel Aguilar. La publicación, con apenas un año de vida, ha tenido que echar el cierre por las pérdidas acumuladas desde su fundación. Ahora llegó al panorama mediático para analizar e interpretar la información desde un punto de vista diferente, el del periodismo en profundidad, sosegado, especializado en política, economía y cultura. La audiencia le ha dado la espalda. Aguilar ha manifestado que, “sin concesiones al amarillismo sensacionalista, al chantajismo rentable, a la docilidad mercenaria ni al sectarismo”, el equipo de redacción y gerencia se había esforzado por inscribir el periódico Ahora en el circuito del prestigio. Un día triste para el periodismo. Uno...
Las botas negras de Sergio Ramos

Las botas negras de Sergio Ramos

Al comienzo de la presente temporada de fútbol me sorprendió ver a Sergio Ramos calzando unas botas negras en los partidos, algo inusual en los últimos años, donde los diseños con todo tipo de colores, en ocasiones chillones y estridentes, han proliferado como setas en otoño. En lo tocante a gustos futbolísticos, siempre me he considerado un clásico. Me han gustado las camisetas del Real Madrid en las que sólo había blanco, sin bandas, rayas ni brillos. Las segundas equipaciones, con colores fosforitos, diseños de dragones y demás morralla para vender camisetas en mercados asiáticos, me han parecido una horterada. Y con las botas me ocurre igual. Mis favoritas eran las negras de Adidas con tres bandas blancas que se pusieron de moda a comienzos de los años setenta. Pensé que en el caso de Ramos y su elección por esas botas negras había algo de nostalgia y tradición, pero me equivoqué. La historia la ha contado recientemente José Félix Díaz en Marca. Resulta que el central sevillano ha terminado el contrato que le vinculaba con Nike y hasta que no escoja otra firma deportiva está obligado por contrato a lucir botas en las que no aparezcan logos ni marcas, salvo que quiera afrontar una indemnización millonaria. Así, se supone que hasta el próximo mes de febrero Ramos llevará esas botas cuando juegue en el Madrid y en la selección. No es una cuestión estética, se trata de dinero, como casi todo en el mundo del fútbol....
La muerte de un signo ortográfico

La muerte de un signo ortográfico

Carlos Mayoral es un joven filólogo autor del blog La Voz de Larra y  colaborador de  El Español y Jot Down. Precisamente en esta última revista cultural ha publicado un delicioso artículo, titulado “La muerte de un signo ortográfico”. Lean el primer párrafo y ya verán como siguen hasta el final: “Como Aureliano frente al pelotón de fusilamiento, siempre habré de recordar el día en que mi profesora de Lengua, una anciana de nombre antediluviano y estricta preceptiva ortográfica, me llevó a conocer el signo de apertura de interrogación (Teodosia, no te olvidaré). ¿Qué hemos hecho con esa elegante manera de abrirle nuestra duda al texto? No culparé a nadie, a menudo hay en estos soportes que ahora utilizamos ciertas restricciones que amenazan con exterminar esta noble raza tipográfica. Ciento cuarenta caracteres por aquí, deja espacio para un vídeo por allá. Mientras, mi querida profesora burgalesa, que nos azotaba con historias sobre cómo el Cid había jurado en Santa Gadea gracias al primer castellano, se revuelve allí donde esté viendo cómo el símbolo de apertura de interrogación ya no le importa a...