De Les Luthiers a los All Blacks

De Les Luthiers a los All Blacks

El viernes pasado, y a falta de un plan mejor, me senté frente al televisor para ver el acto de entrega de los premios Princesa de Asturias. Sentía curiosidad por ver y escuchar a Les Luthiers, mis cómicos de cabecera y sempiternos aspirantes al galardón. Este año por fin se hizo justicia y recibieron, más que merecidamente, el correspondiente a Comunicación y Humanidades.

Me gustó el discurso de agradecimiento que pronunció Marcos Mundstock. Muy correcto, sin alardes y ajustado al protocolo. Me quedo con su reflexión de que el ejercicio del humorismo “mejora la vida y permite contemplar las cosas de una manera distinta… lúdica, pero sobre todo lúcida, a la cual no llegan otros mecanismos de la razón”.

Espero que estos genios del humor, maestros de los juegos de palabras y grandes conocedores y amantes del lenguaje y de los instrumentos imposibles, siga en los escenarios mucho tiempo. Ya llevan cincuenta, pero ojalá puedan dedicarnos más. Por cierto, ¡cómo eché de menos a Daniel Rabinovich! Le honra a Mundstock la dedicatoria que dedicó al periodista y amigo Álex Grijelmo, incansable impulsor de su candidatura a los premios. De él dijo: ” ¡Qué suerte que esta vez se haya salido con la suya!… ¡Más que nada nos alegramos por él!

Me quedé con ganas de que Les Luthiers regalaran a los presentes alguna muestra de su inteligente y refinado humor. Supongo que el protocolo y la ceremonia del acto no lo aconsejaba, pero no ocurrió lo mismo con los All Blacks, los representrantes del legendario equipo de rugby neozelandés premiados con el Princesa de Asturias de los Deportes, que se atrevieron a interpretar una versión reducida de la tradicional haka maorí con la que inician los partidos.

Muy aplaudida su coreografía y espontaneidad al quitarse la chaqueta para agasajar al público con esa popular danza tribal que intimida, y de qué manera, a sus rivales deportivos.

El sábado, al día siguiente de la entrega de premios, fui con mi mujer a nuestro restaurante favorito, un asador de la Cava Baja donde sirven un cordero al horno de leña exquisito. Nos sentamos en una mesa de la primera planta y al rato, a escasa distancia de nosotros, se acomodó un numeroso grupo de personas del que sobresalían unos muchachotes fuertotes que no pasaban desapercibidos para nadie. Perdonen la inmodestia, pero los reconocí al instante porque el día anterior les había visto bailar un haka en el Teatro Campoamor de Oviedo. El resto se lo pueden imaginar. La imagen que ilustra esta entrada lo dice todo. Gente encantadora, cercana y humilde. ¡Y qué músculos!

 

 

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