De Les Luthiers a los All Blacks

De Les Luthiers a los All Blacks

El viernes pasado, y a falta de un plan mejor, me senté frente al televisor para ver el acto de entrega de los premios Princesa de Asturias. Sentía curiosidad por ver y escuchar a Les Luthiers, mis cómicos de cabecera y sempiternos aspirantes al galardón. Este año por fin se hizo justicia y recibieron, más que merecidamente, el correspondiente a Comunicación y Humanidades. Me gustó el discurso de agradecimiento que pronunció Marcos Mundstock. Muy correcto, sin alardes y ajustado al protocolo. Me quedo con su reflexión de que el ejercicio del humorismo “mejora la vida y permite contemplar las cosas de una manera distinta… lúdica, pero sobre todo lúcida, a la cual no llegan otros mecanismos de la razón”. Espero que estos genios del humor, maestros de los juegos de palabras y grandes conocedores y amantes del lenguaje y de los instrumentos imposibles, siga en los escenarios mucho tiempo. Ya llevan cincuenta, pero ojalá puedan dedicarnos más. Por cierto, ¡cómo eché de menos a Daniel Rabinovich! Le honra a Mundstock la dedicatoria que dedicó al periodista y amigo Álex Grijelmo, incansable impulsor de su candidatura a los premios. De él dijo: ” ¡Qué suerte que esta vez se haya salido con la suya!… ¡Más que nada nos alegramos por él! Me quedé con ganas de que Les Luthiers regalaran a los presentes alguna muestra de su inteligente y refinado humor. Supongo que el protocolo y la ceremonia del acto no lo aconsejaba, pero no ocurrió lo mismo con los All Blacks, los representrantes del legendario equipo de rugby neozelandés premiados con el Princesa de Asturias de los Deportes, que se...

El faro de una generación

Es un “mito viviente” de la historia de la música popular y el “faro de una generación” que tuvo el sueño de cambiar el mundo. Por estas y otras razones Robert Allen Zimmermann (Duluth, Minnesota, EEUU, 1941) ha obtenido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Se embolsará 50.000 euros y recibirá una estatuilla de Miró. No sé si eso es mucho o poco para un tipo tan raro como él. Nunca me gustó mucho, ni él ni su música, aunque admito que tiene alguna pieza extraordinaria. Desde que se convirtió al cristianismo puede que tenga más fácil llamar a las puertas del cielo. La canción figuraba en la banda sonora de Pat GarretT y Billy The Kid (1973), que Dylan, que también hacía un pequeño papel, se encargó de componer. Imágenes violentas de un western pelín plúmbeo de Sam...