“Profesores pobres”

“Profesores pobres”

Fíjense en las caras y en las expresiones de los rostros de estos cuatro profesores asociados de la Universidad de Valencia que figuran en la imagen captada por el diario El País. Son todo un ejemplo del entusiasmo y de la ilusión de estos docentes, que representan más del 20 por ciento de las plantillas de la Universidad y que, de media, obtienen unas retribuciones de entre 300 y 600 euros al mes, muy por debajo de lo que ganan sus compañeros que trabajan a tiempo completo en la enseñanza superior. Son profesores “pobres”, como yo, que en este caso tomo prestado el adjetivo al presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), Roberto Fernández, quien recientemente ha utilizado esta etiqueta para referirse a los profesores que ocupan el último escalón salarial de la docencia en los campus. Los profesores asociados realizan un trabajo muy similar al de los profesores titulares y tienen una carga docente muy parecida. Donde la equiparación desaparece es en la nómina. Asociarse a algo o a alguien es, según la definición recogida en el Diccionario de la Real Academia (RAE), juntarse o reunirse para lograr un determinado fin. Uno puede sentirse asociado a algo cuando comparte la filosofía y los objetivos de un proyecto y cuando trabaja en común para mejorar a la comunidad. En el caso de la Universidad, un profesor asociado puede sentirse reconfortado por compartir su experiencia profesional con los alumnos y ayudarles a ampliar su horizonte de conocimiento y a descubrir lo que les espera en el mercado laboral. Llevó 15 años como profesor asociado en la Universidad...
El fraude de los TFG

El fraude de los TFG

¿Sabía usted que un Trabajo Fin de Grado (TFG), requisito imprescindible para obtener el título de Grado universitario, se puede conseguir por la módica cantidad de 300 euros? Eso es así, claro está, si el estudiante decide cometer un fraude y engañar al tutor que tiene asignado para la realización de este trabajo de investigación, que pone fin a cuatro años de estudios. El método es muy fácil: se busca en Internet, se elige el perfil del profesor que quieres que te haga el trabajo, esperas unos quince días y abonas entre 200 y 300 euros. A cambio, te garantizan que tendrás un aprobado y que tu trabajo pasará como original ante los miembros del tribunal encargado de evaluarlo. No lo digo yo. Lo dice una información publicada en el diario El Mundo, que aporta todos los detalles. Curiosamente, el primer ejemplo que se cita en la información es el de un estudiante de periodismo de Madrid. Tremendo y penoso. El estudiante lo puede hacer por incapacidad o vagancia, y los docentes para ganarse unas perrillas, porque la crisis está haciendo...
Una Universidad cada vez más miserable

Una Universidad cada vez más miserable

La publicación digital bez  ha difundido un demoledor artículo en el que pone al descubierto los penosos cauces existentes para acceder a un puesto de trabajo más o menos estable dentro de la Universidad. La información asegura que los contactos y la publicación de artículos en revistas supuestamente prestigiosas son fundamentales para el ingreso en la enseñanza superior. ¿Dónde quedan los conceptos de calidad y excelencia universitaria en un contexto de lucha alocada por publicar sin criterio ni razón? “Tradicionalmente”, señala el artículo, “la lectura de la tesis doctoral, un trabajo de presión, pasión y desgaste que puede durar más de un lustro, daba lugar a un cierto período de transición que vencía con la consecución de un puesto relativamente estable desde el que seguir investigando e impartiendo docencia. Pero eso es hoy día imposible: el aumento de la competencia y la restricción salvaje de los puestos de trabajo impuesta por las políticas de la crisis (que llegaron a obligar a que la jubilación de diez profesores se repusiera con solo uno de estos) han conducido a que la consecución del título de Doctor no signifique nada por sí misma y conduzca a una lucha sin cuartel entre los candidatos a trabajar en las universidades españolas. La mejor fórmula para vencer en esta guerra es tener un buen contacto –algo que en España y en muchos otros países es fundamental- o publicar en revistas con los mayores índices de calidad posibles. Lo ideal es tener las dos cosas, pero hoy día, el carné de investigador se termina obteniendo a través del atesoramiento de artículos...