El concierto de Paul

Paul Mac Cartney, en su reciente concierto en Madrid. Foto: El Confiencuial /EFE/ J.P. Gandul

Paul Mac Cartney, en su reciente concierto en Madrid. Foto: El Confiencuial /EFE/ J.P. Gandul

Otro curso académico ha quedado atrás. Cada vez pasan más rápido. Será que me estoy haciendo viejo. El último día de clase, fiel a mi costumbre, propongo a los alumnos un cuestionario para que opinen sobre las clases y  el profesor. Las respuestas son muy parecidas a las de otros años: agradecimiento casi general por la forma de plantear la asignatura y por la posibilidad de hacer prácticas, y quejas por la exigencia, y a veces intransigencia, mostrada por el profesor.

No es una muestra muy amplia y el valor científico de la consulta es relativo, pero a mí me sirve para incorporar alguna sugerencia interesante a las clases y para tratar de mejorar el método docente.

Este año una veintena de alumnos cumplimentó el cuestionario. A medida que lo entregaban, se marchaban de clase. La asignatura que imparto es de cuarto curso, por lo que a la mayoría de ellos no los volveré a ver. Ya sólo quedaba una alumna en el aula y cuando terminó con las respuestas se levantó del pupitre y me entregó los folios. Reproduzco a continuación, de manera más o menos literal, el diálogo que vino después:

  • ¿Supongo que nos veremos en el concierto?, me dijo ella.
  • ¿Qué concierto?, respondí.
  • ¿Cuál va a ser? El de Paul Mc Cartney, me imagino que irás.
  • Uff! Me gustaría, pero ya me he vuelto un poco perezoso para los conciertos.
  • Anímate, yo voy a ir con mi madre. Le encantan los Beatles, como a ti.
  • Me parece fenomenal, espero que os lo paséis bien.
  • También quiero ir a ver a Los Who, que también se van a pasar por Madrid.
  • Bueno, o lo que quede de ellos, ¿no?

El cuatrimestre recién acabado coincidió con la muerte del productor del grupo de Liverpool, George Martin. Recuerdo que ese día hubo una práctica de editorial en clase y les dije a los alumnos, en tono irónico, que, si por mí fuera, el tema obligado del ejercicio sería precisamente el del ingeniero de Abbey Road. No obstante, admití que mis gustos musicales no podían condicionar la temática del día. La alumna que me animaba a asistir al concierto de Mc Cartney recordaba perfectamente lo dicho por mí en aquella ocasión:

  • ¿Sabes? A mí me habría encantado hacer un editorial sobre George Martin, creo que me habría quedado muy bien, por lo menos mejor que el que hice ese día.

Ante la insistencia de la alumna en que fuera al concierto de Paul, le propuse que, para compensar mi ausencia el estadio Vicente Calderón, me enviara una crítica del espectáculo. Ella me tomó la palabra y días después me remitió este texto, que creo que merece la pena. Aquí lo reproduzco:

QUÉ GRAN MOMENTO PARA ESTAR VIVOS

Concierto Paul McCartney One On One

Marina Giménez Zabaleta.

Madrid – 02/06/2016

“Hoy hace 20 años que el Sargento Pimienta enseñó a tocar a la banda…” Así daba comienzo uno de los considerados mejores discos de la historia de la música. Pero no fue hace 20 años, sino 12, los que han pasado desde que el gran Paul McCartney se dejó ver actuando en nuestro país. Aquel 30 de mayo de 2004 en el Estadio Olímpico de La Peineta, se juntaron por última vez los grandes temas de los Beatles, Wings y del propio McCartney. Hoy, 2 de junio de 2016, el Sargento Pimienta ha regresado.

Para los adultos de entonces, y más adultos ahora, que vivieron aquel acontecimiento, esta fecha es otra más para recordar en sus afortunadas mentes y memorias junto con muchas otras protagonizadas por los más grandes de la música. Para los jóvenes, como una servidora, que por aquel mayo del 2004 no éramos más que unos querubines carentes de exquisito gusto musical, el evento de hoy se ha convertido en el colosal acontecimiento de nuestra juventud.

Todavía con la resaca springsteriana desde hace dos semanas, el músico británico impacientó a la audiencia con su aparición de 15 minutos de retraso, dejando como mero tópico la puntualidad británica. Pero cuando se escuchó ese primer acorde de A Hard Day’s Night, esa nota tan célebre, ese rasgueo de guitarra tan sugerente, se nos olvidó que un señor inglés hecho y derecho nos hizo mirar desesperados la hora de nuestros relojes. Pero esa espera mereció la pena.

McCartney apareció en un escenario del Estadio Vicente Calderón sobrio, con una pantalla en el centro y dos a los laterales, algo alejado del público. Pero se presentó con fuerza, a lo grande, tal como lo hacen los de su categoría. Su saludo en español pareció creíble hasta que su mirada no dejó de dirigirse hacia el suelo, donde se encontraba su guion. Paul estaba aquí. Había vuelto.

Acompañado de los músicos Rusty Anderson, Brian Ray, Abe Laboriel Jr y Paul Wix Wickers, alternó canciones más actuales de su repertorio en solitario con joyas más ocultas de los cuatro de Liverpool. A mitad del concierto, las emociones empezaron a aflorar entre el público al escuchar los homenajes a sus amigos desaparecidos, con Here TodayGive Peace A Chance para recordar a John; y Something en recuerdo de George.

Hubo también hueco para recordar canciones olvidadas, entonando In Spite Of All The Danger, tema de su época de los Quarrymen, y, por supuesto, una melodía de armónica que hizo enloquecer aún más (si hubiese sido posible) a todo el Vicente Calderón. Y no, no se nos olvidó la letra de Love Me Do.

Dos horas después de dar comienzo el espectáculo, el concierto llegó a su cénit cuando el británico tocó las primeras notas de Let It Be, y el público supo cuál era su cometido en ese momento: llenar el estadio de luces a modo de mecheros con la ayuda de sus teléfonos móviles. McCartney respondió al público con fuego en el escenario y pirotecnia con Live and Let Die, y por último, la apoteosis final.

Todo fan de los Beatles sueña con poder cantar alguna vez en su vida el coro de Hey Jude, y el pasado jueves muchos de ellos lo vieron cumplido y lo vivieron. Sí, suena y se siente igual que en nuestros sueños.

 

Alumnos de 'Redacción Periodística: Géneros de Opinión y Análisis'. Grupo 4º-D

Alumnos de ‘Redacción Periodística: Géneros de Opinión y Análisis’. Grupo 4º-D

“Las diapositivas ya no funcionan con nosotros”

Cada vez que termina un cuatrimestre en la facultad, propongo a los alumnos que cumplimenten un pequeño cuestionario sobre la utilidad de la asignatura impartida (en este caso Redacción Periodística: Géneros de Análisis y Opinión”) y la labor desarrollada por el profesor.

La encuesta, modesta y carente de rigor científico, me sirve para averiguar si el curso ha merecido la pena y ha permitido a los estudiantes mejorar sus destrezas en el campo de la redacción periodística y ampliar sus conocimientos en el mundo del periodismo en general.

Les pido que enjuicien mi labor docente y que planteen alternativas para mejorar el método docente y lograr un mejor aprovechamiento de la asignatura. Algunas de estas propuestas suelo incorporarlas con posterioridad a mis clases porque resultan efectivas.

En este último cuatrimestre sólo once de los cincuenta alumnos matriculados asistieron el último día de clase para atender el cuestionario. Sólo once, sí, pero tengo que subrayar que la media diaria de asistencia a clase durante los últimos cuatro meses fue de unas quince personas. Por lo tanto, una muestra muy escasa, pero representativa del reducido auditorio que me acompañó durante el curso.

A continuación, reproduzco algunas reflexiones y propuestas extraídas de la encuesta:

 

  • “Podría haberle dedicado más tiempo e interés a la asignatura, pero otras asignaturas me han quitado ese tiempo”.
  • “Ha podido faltar mano dura con los que vienen a clase para cumplir, pero además molestan”.
  • “La asignatura ha sido lo complicada y exigente que, como mínimo, debieran ser todas”.
  • “Esos toques de ironía y humor (que emplea el profesor en las clases) pueden servir para romper la barrera que suele existir entre profesor y alumno”.
  • “Es bueno que no se regalen las cosas”.
  • “Antes no solía leer los editoriales y ahora es habitual que lo haga”.
  • “Es injusto que se nos obligue a hacer prácticas sin acceso a ningún dato”.
  • “La ironía y el sarcasmo son geniales, pero generalizas mucho”.
  • “Has sabido crearme interés por la asignatura”.
  • “Ahora me paro a analizar los textos de opinión y a sacar fallos”.
  • “Leyendo columnas de grandes escritores como Pérez-Reverte piensas: ¿Algún día yo podré escribir así de bien?”.
  • “Las diapositivas ya no funcionan con nosotros, resultan un tanto aburridas. Yo prefiero que el profesor utilice la pizarra”.
  • “Lo mejor de la asignatura han sido la prácticas, que han superado mucho a la teoría”.
  • “Se debería adaptar la asignatura a los nuevos tiempos del periodismo digital”.
  • “Ahora mismo no me llama demasiado la atención convertirme en editorialista o columnista”.
  • “Esta asignatura no debería dejarse para el último año de carrera, y menos impartirla en tres meses. Pero ya sabemos que los que diseñan los planes de estudios no se fijan mucho en nuestro futuro laboral”.
  • “A mí, salir a leer en clase mis prácticas me ha provocado un poco de rechazo por la manera que tienes de mostrarnos lo que está mal”.
  • “El de Grijelmo (El estilo del periodista) es un magnífico libro de cabecera para cualquier periodista, pero quizás no debería haber tenido una presencia tan central en las clases”.
  • “Me parece esencial que el profesor haga escribir a sus alumnos de forma constante”.
  • “Espero que estés muchos años en esta universidad y que cada uno de ellos salgamos mejor preparados gracias a ti”.